El culto chino a los aniversarios

Por Xuan Ji

La celebración de acontecimientos históricos es algo bastante común entre los distintos países del mundo. A través de su participación en las celebraciones, el pueblo no sólo puede recuperar la memoria del pasado de su país, sino también ve más fortalecida su determinación de seguir impulsando el desarrollo nacional. De ahí la plena disposición de los gobiernos a celebrar.

La celebración de acontecimientos históricos es algo bastante común entre los distintos países del mundo.

En los últimos años y también en los próximos, muchos países de América Latina celebraron y celebrarán, respectivamente, el bicentenario de la independencia de sus países. Por ejemplo, con motivo del bicentenario de la independencia de México, en 2010 el gobierno federal lanzó una serie de festejos llamados el ¨fuego nuevo¨, el desfile militar, varios conciertos y el tradicional ¨Grito de la Independencia¨, entre otras. El gobierno del D.F. incluso pensaba construir una ¨Torre Bicentenario¨ para conmemorar la fecha, aunque luego por una razón urbanística el proyecto no pudo concretarse. Por su parte, para celebrar el bicentenario de la independencia de Perú en 2021, el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ya convocó una comisión organizadora para diseñar la agenda conmemorativa. Esta comisión ha propuesto a la fecha opciones como la realización de investigaciones históricas y la realización de un concurso de canciones.

Cuando la mayoría de los Estados latinoamericanos celebran sus aniversarios simplemente con actividades culturales o académicas, en la otra orilla del Pacífico, el gobierno chino insiste en conseguir cambios sociales trascendentales para darle un mayor sentido a los aniversarios de la nación, sobre todo a los que tienen vinculación más estrecha con el Partido Comunista de China (PCCh). Una insistencia tan fuerte que incluso puede calificarse de un ¨culto¨.

En China, pese a que no hay competencia por el poder entre distintas fuerzas políticas, sí hay competencia por el prestigio entre los líderes de las distintas generaciones políticas del PCCh. Dejar en la historia de la nación un mejor prestigio que sus predecesores, basado en el desempeño de su liderazgo, constituye el mayor sueño de todos los líderes chinos desde la época de Confucio. Ese desempeño suele referirse a los llamativos avances socioeconómicos que el país alcanza durante el mandato del líder, y si a eso se suma el hecho de que tales avances se materialicen justamente en torno a un aniversario relevante de China, el prestigio con que sueña el líder resultará más invencible ante la amenaza de las ambiciones de sus sucesores.

Por esta razón -o inquietud-, los líderes del PCCh siempre se muestran ansiosos de poner una meta de desarrollo socioeconómico -lógicamente grandiosa y ambiciosa - y exigir que todos los ciudadanos trabajen ¨a sangre y fuego¨ para que esa meta se alcance en torno a un aniversario relevante. Es algo similar a la escena en que un monje budista pobre, movilizado por su fe, lleva un mes sin comer para poder rendir de homenaje la comida que ahorra con motivo del cumpleaños del Buda. 

Hay dos aniversarios en la historia contemporánea de China que corresponden más que otros al gusto del PCCh: el de la fundación del propio partido (1921) -su cumpleaños- y el de la fundación de la República Popular China (1949), el mayor logro histórico de los comunistas chinos. Estos dos aniversarios, por lo tanto, se convirtieron en los favoritos cada vez que los líderes del PCCh diseñaron las metas de sus gobiernos.

El primero en definirlos como la fecha límite de su gran proyecto nacional fue Jiang Zemin, ex secretario general del PCCh y presidente del país para la década 90 del siglo XX. En el XV Congreso del PCCh celebrado en 1997, el sucesor de Deng Xiaoping propuso que, para celebrar el centenario de la fundación del partido, el país consiga una economía más desarrollada y una institucionalidad más saludable, mientras que para recibir el centenario de la fundación de la República se alcance la modernización del país creando un Estado socialista próspero, democrático y civilizado. Algo interesante de la meta de Jiang consiste en que ninguno de los dos centenarios (2021 y 2049) estaba al alcance de su mandato, pero la meta aprobada por el Congreso garantizó que la influencia de las políticas de su mandato tuviera vigencia hasta esas fechas remotas. Una vez que el país alcance a la meta, su impulsor, ya jubilado o posiblemente fallecido, seguirá siendo reconocido por su influencia. Eso a su vez explica por qué la meta de Jiang suena tan abstracta si la comparamos con la meta de Xi Jinping, el actual secretario general del PCCh y, por supuesto, presidente del gigante asiático.

Xi también aprovechó los aniversarios de la fundación de su Partido y República para lanzar el plan de su gobierno. Para diferenciar el suyo del de Jiang, le dio un nombre oficial: la meta de los dos centenarios. Este nombre resultó bien aplaudido y aprobado por el XVIII Congreso del PCCh, inicio del primer mandato del líder comunista más poderoso después de Mao y Deng. La meta de los dos centenarios dice: para 2021 China logra la construcción de una sociedad modestamente acomodada, y para 2049 se transformará en un Estado socialista próspero, democrático, civilizado y armónico –el XIX Congreso clausurado en diciembre de 2017 agrega un adjetivo más para que ese Estado también sea ¨hermoso¨.

La versión de Xi incluye contenidos más detallados que la de Jiang, porque su mandato se encuentra más cercano a la fecha de los dos centenarios. El centenario de la fundación del PCCh coincidirá justamente en el segundo mandato de Xi, iniciado desde el XIX Congreso. Por lo tanto, la meta de Xi está acompañada de muchas políticas concretas, entre las cuales la más ambiciosa es eliminar completamente la pobreza del pueblo para 2020.

La eliminación completa de la pobreza de la humanidad es una idea propuesta por la ONU en su Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Xi proclama 10 años de antelación al cumplimiento de ese objetivo en China porque 2020 está en víspera del centenario de la fundación del PCCh y 2030 estará fuera de su mandato. Si China logra eliminar toda la pobreza de su país en 2020, eso será el regalo más precioso para celebrar dicho centenario y la mayor contribución de Xi para la historia de la nación.

La meta de Xi está acompañada de muchas políticas concretas, entre las cuales la más ambiciosa es eliminar completamente la pobreza del pueblo para 2020.

Sin embargo, el funcionariado público del país se enfrenta a un problema titánico: ¿cómo sacar de la pobreza a los 40 millones de personas que hasta la fecha el país aún tiene en menos de 2 años? En esa población hay una gran parte que se encuentra al nivel de la indigencia, cuyos casos requieren más tiempo y fuerza para abordar. Los funcionarios que trabajan en la base, donde vive la mayoría de la población en pobreza, son los que más sufren la presión, ya que los gobiernos superiores les imponen un sistema de supervisión riguroso para evaluar su trabajo en ese área, y si algunos de ellos no pueden cumplir con la tarea puntualmente, van a recibir castigos como la degradación o destitución de su cargo.

La fundación del PCCh en 1921 y la fundación de la R.P.C. en 1949 eran dos acontecimientos que tuvieron lugar de manera casual, por lo cual las fechas de sus centenarios también constituyen una casualidad histórica. Sin embargo, el culto al aniversario que ha reinado durante miles de años en China está seduciendo al partido político más grande del mundo –junto a su máximo líder- de que haga realidad unas de las metas más ambiciosas y, a la vez, más difíciles del Siglo XXI para conmemorar dos fechas que la historia nos dejó. Si el PCCh termina cumpliendo con sus metas, aportará una maravilla más a la humanidad.

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